nativos digitales

Hablando con una buena amiga el fin de semana me comentaba que ha llegado el momento de que su hijo empiece a utilizar la tecnología y «abrirse a la digitalización».

Hablamos de que los adolescentes en general son nativos digitales y me comentaba que ella misma no sabe utilizar las tecnologías, en el sentido de que no es una persona que haya interactuado en redes sociales nunca, y que ahora le toca ponerse al día para poder orientar a su hijo.

Parece que cuando hablamos de nativos digitales nos referimos a que los adolescentes saben mucho más que nosotros en el tema de «moverse» a través de Internet.

Y eso es cierto, pero en mi opinión el término nativo digital va más allá.

Nuestros hijos controlan más la tecnología que nosotros mismos, admitámoslo.

Nosotros hemos aprendido a marchas forzadas y ellos han crecido con elementos digitales y electrónicos alrededor.

Aún recuerdo mi primer móvil, que me llegó cuando ya llevaba dos años estudiando la carrera de Derecho.

Y qué decir de Internet: en el campus de la Merced había una sala con varios ordenadores, reservabas un puesto y consultabas el correo electrónico durante un rato a la semana.

De eso a lo que hay ahora ha cambiado la historia una barbaridad, pero si te das cuenta en cuestión de tiempo no ha sido mucho.

La tecnología ha avanzado a un ritmo vertiginoso en muy poco tiempo, pero nosotros no lo hemos hecho al mismo ritmo, obviamente.

Las máquinas funcionan a un nivel tecnológico cada vez más sofisticado y la mente humana no puede asimilar todo ello con esa velocidad de evolución.

Nuestros hijos no sólo han nacido en la era de Internet, es que desde bien pequeños están expuestos a la tecnología.

La tecnología digital ha cambiado el mundo y, a medida que aumenta el número de niños que se conectan en todos los países, está cambiando cada vez más su infancia.

Informe sobre el Estado Mundial de la Infancia, Unicef 2017

Puedes consultar el informe completo pinchando aquí si estás interesad@.

Piénsalo: desde bebés empezamos a enseñarles dibujos en el móvil, la tablet, abrimos perfiles en plataformas digitales con contenido exclusivamente infantil, les llegamos a descargar juegos específicamente para su edad y los iniciamos en el uso de la tecnología dejándoles nuestro dispositivo móvil.

Cuantas veces nos hemos sorprendido de la facilidad con la que los bebés son capaces de buscar en nuestro smartphone la galería de imágenes, por ejemplo.

Y es que aunque no nos demos cuenta, desde muy pequeñitos nosotros mismos les introducimos en el mundo tecnológico.

Y conforme van siendo más mayorcitos les vamos dando más libertad y les iniciamos en el mundo conectado que supone la Red.

No creo que hagamos mal al comportarnos así, es la era en la que nos ha tocado vivir y ellos deben aprender a sabe utilizar todos los recursos tecnológicos al alcance de su mano. Eso sí, siempre procurando que sea algo acorde a su edad.

Muy frecuentemente comparamos nuestras vivencias con las suyas, nuestra juventud cuando nos relacionábamos en la calle con nuestros amigos con su manera de relacionarse ahora, en la que las redes sociales son una parte más de su día a día.

Estudios demuestran que las relaciones sociales en adolescentes a través de rrss forman una parte más de su desarrollo, pero por supuesto tienen que saber comportarse al igual que en el mundo físico.

Sí que debemos poner atención en cuidar la privacidad de nuestros hijos, vigilar que cuando llegue el momento vital de darles acceso a la Red sea bajo nuestra supervisión y pongamos a su alcance contenidos adecuados para su edad.

Creo que debemos hacer el ejercicio mental de entender la era en la que nos encontramos.

La tecnología forma parte de nuestro día a día y nuestros hijos tienen a su alcance una cantidad ingente de información, disponen de una infinidad de recursos que hay que saber aprovechar.

Y, claro está, desechar lo malo, porque siempre hay algo malo. Y qué mejor forma que crear un clima de confianza en casa y entre todos identificar lo que nos aporta y lo que nos es perjudicial.

La conversación con mi amiga terminó diciéndole que siempre es mejor que los niños y adolescentes confíen en nosotros a base de ejercer supervisión y no imposición, porque de lo contrario lo que no les dejemos hacer en casa por considerarlo prohibido lo buscarán fuera …y entonces no podremos protegerles.

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